La cicatriz de Marilyn
- Tabare Couto

- 10 dic 2018
- 1 Min. de lectura
El próximo 25 de mayo se pondrá a la venta el libro “La Ultima Sesión” del fotógrafo Bern Stern. Semanas antes de la muerte de Marilyn Monroe, el 2 de agosto de 1962, Stern se reunió en la suite del hotel Bel Air de los Angeles para fotografiar a Marilyn por última vez. La convenció que luciera desnuda. Ella solo se preocupó porque su reciente operación a la vesícula -que en aquellos años dejaba una tremenda cicatriz- no viera la luz. La cicatriz no se vio hasta ahora. Vogue ocultó las fotos por pudor o respeto a la diva y publicó una nueva sesión donde lucía con una terrible mirada impregnada de tristeza pero encantadora y vestida de negro. La revista apareció días después que Marilyn fuera encontrada muerta, tendida boca abajo en su cama, con el teléfono descolgado y un frasco de Nembutal vacío. Como escribiera brillantemente Manuel Vincent el fin de semana pasado en El País de Madrid: “La cicatriz en forma de queloides que divide el vientre de Marilyn, lejos de romper el mito, es todo un homenaje a la humanidad. Entre ese costurón y el lunar por encima del labio está la historia de la mujer más deseada del mundo. Fotografiar a Marilyn era como fotografiar la luz. Joyas, champaña, soledad. En este álbum de fotos, al desnudo de Marilyn se le ha evaporado el Chanel nº 5, que era el único pijama con que dormía. Ahora aquel perfume sólo es su alma derrotada, bellísima.”




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