Un día de furia
- Tabare Couto

- 14 dic 2018
- 2 Min. de lectura
Esta mañana conocí a un tipo que estaba escuchando “Columbia” de Oasis.
Estaba ensimismado, absorbía la energía de la canción sin importarle la letra.
Qué tan loco puede estar una persona que tiene que patear el tablero para volver a jugar, me dijo. Y sonrió con cierta tristeza gastada. El tipo flotaba en las olas distorsionadas de las guitarras. Buscaba en ella la rabia necesaria. ¿Me rapo la cabeza? ¿Me dejo la barba? No atiendo el teléfono en una semana. El vértigo al fracaso y lo desconocido es -también- un acto de egoísmo personal. ¿Un vómito al confort diario, un atentado a la seguridad familiar?
El tipo sabía que necesitaba esa furia para volver tranquilo a casa. Abrazar a su hijos, sacar a pasear al perro, besar a su esposa, regalarle unos libros a unos amigos. Volver a la normalidad. La mirada asesina me tranquiliza, pensaba. El único problema son los daños colaterales tras un dia de furia.
Hoy conocí a un tipo que escuchaba “Columbia” de Oasis saturado a reventar. No sabía qué decía la letra, ni le importaba. De hecho la cantaba cambiándola: “No I can't sell you the way I feel y blah blah blah.” El tipo sonreía. Se probaba el envoltorio para salir a la calle. Y sabía que ya no confundía a los líderes con administradores de vidas ajenas. Descubrió la diferencia. El tipo ahora seguirá siendo un idiota pero ya sabe que lo es y le da igual.
“No puedo decirte como me siento / Porque el modo en que me siento es tan nuevo para mí. / No, no puedo venderte el modo en que me siento / Porque el modo en que me siento es tan nuevo para mí”.
Entonces el tipo me miró y se fue. No me dijo su nombre. Pero intuí cuál era. No te lo diré jamás. Menos ahora, en esta columna sobre otra historia común y corriente, sin importancia. Ordinaria.
Por suerte se acerca Navidad.
Desde que tengo a mis amores, no hay nada mejor que la Navidad. Y encontrarse una mañana a un tipo con la furia a punto de explotarle en la cara como mejor detonante de su futura libertad



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