T & R (swift adams)
- Tabare Couto

- 11 dic 2020
- 3 Min. de lectura
TAYLOR
Al final Taylor Swift ha hecho en seis meses lo que muchos artistas no logran en toda su carrera: editar dos buenos álbumes seguidos, sobre todo en estos tiempos de carencias artísticas profundas y cuando parece ser que lo que encandila al mundo son los tres discos al hilo de Bud Bunny... Ya nos había llamado la atención Ryan Adams sobre ella cuando reinterpretó y desnudó las canciones de la dulce Taylor y su '1989' para demostrar lo buenas que eran. Y la Swift, en esta reinvención más oscuras e indie (me gusta más 'Folklore' que este hermanito de fin de año), aunque 'Evermore' abre la paleta de estilos y se libera al mismo tiempo que vuelve a apoyarse en el compositor y guitarrista de The National, Aaron Dessner como su faro en la producción y colaboración autoral en varios temas, suma a su grupo y en especial a Bryce Dessner en "Coney Island”, continúa navegando de la mano del increíble Jack Antonnof, repite con Justin Vernon de Bob Iver y suma al trío Haim en la destacada "No Body, No Crime" que, como escribieron en el NME: “es una canción de venganza country en toda regla que termina con el asesinato de un marido mujeriego, que engloba despreocupadamente el tipo de historia que encontrarías en una película de David Fincher en cuestión." En esta primera y rápida escucha, es una de mis preferidas. Como lo es “Champagne problems” y ese piano de ese autor “incógnito”, William Bowery, que no era otro que su pareja actual, el actor Joe Alwyn.
Ojalá el mundo de post pandemia, la adulación exagerada, la hoguera de las vanidades de las redes y quién sabe que otros males que acechan a estrellas pop multimillonarias en estos extraños tiempos, no opaquen su proyección y crecimiento artístico y el futuro nos depare más gratas sorpresas de su parte.
RYAN
Por momentos me resulta inabarcable (e interminable) el debate de si podemos (¿debemos?) valorar y disfrutar de la obra artística de un ser humano que es un potencial cretino, un auténtico ser detestable o, simplemente, un rematado hijo de puta. Pero lo que me revienta de incomodidad es esa moda de la cancelación inmediata y transversal, de la acusación uniforme. La obsesión por la lapidación pública a partir de las rede sociales en masa me produce una desconfianza mayúscula. Y ante muchos casos, incluso sin superar mis propias contradicciones de mis convicciones -morales, políticas, éticas- intento evitar sostener una mirada taxativa, tal vez por dudas, tal vez por cobardía, tal vez por no tener claro cuáles son los límites y si en realidad esos deben ser estrictamente personales o generales. Y aclaro, por la dudas, que me refiero a obras artísticas, no a políticas de estado o decisiones que trasciendan el ámbito del arte. Esta introducción llega, obvia y precisamente, ante la aparición del nuevo álbum, de Ryan Adams ('Wednedays') tras sus disculpas públicas sobre los abusos sicológicos y casos de acoso sexual (creer o sepultarlo) que le tuvieron como protagonista poco más de un año atrás. ¿Un ser tan desalmado puede ser creíble en su pedido de indulto personal y mostrarse frágil, dolido, triste y arrepentido a través de una obra de arte bella que conforman sus nuevas canciones, o solamente es un verdadero hipócrita actor de sus propias melodías falsas y vacías de sentido y calidad? ¿Es todo parte de un montaje para lavar su imagen o son canciones en carne viva, sangrantes y dolorosas aguijoneadas por sus pérdidas y demonios personales? Más allá de la posible ambigüedad en la inspiración de sus letras, creamos en lo que queramos o podamos creer, el trabajo apunta de bueno para arriba. “De vez en cuando / me sorprendo soñando/ soñándote al revés / aquí conmigo”, canta en la canción "Dreaming You Backwards"que -con cierto aire a Neil Young- cierra el álbum. Y remata: “Vagando por estas habitaciones/ esta casa se siente tan vacía. / Tengo un dolor en mi alma. / No lo creerías.”











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