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Madonna: Buscando Misericordia

  • Foto del escritor: Tabare Couto
    Tabare Couto
  • 29 jul 2019
  • 4 Min. de lectura

Son muy pocos los artistas pop que con el pasar de los años logran perdurar en el tiempo sin convertirse en caricaturas de sí mismos. El negocio del rock -producto capitalista por excelencia- tan indistintamente autodestructivo como autocomplaciente en un sin fin de ejemplos, seduce, tienta, arrastra a sus viejas estrellas a permanecer vigentes a cualquier precio. En el menos complejo de los caminos, la gran mayoría opta por revivir cíclicamente (a veces hasta el hartazgo) sus glorias pasadas, ojalá con la mayor dignidad y honestidad posible. En otras ocasiones, con el pretexto de la inquietud artística, la renovación y/o innovación y otros conceptos de discutible validez y solidez, hay determinados artistas que al intentar aggionarse a las modas, a los nuevos sonidos, a los nuevos productores, alardean de una reinvención que no deja de ser un maquillaje extremo. No puedo afirmar tajantemente que no existan casos de verdaderas apuestas positivas creativamente hablando. Pero son los menos. Y para serles totalmente francos -tal vez sea un tema de mi edad y gustos personales- a estas alturas no tengo mayores conflictos con aquellos artistas que dignamente revisan su pasado de manera más tradicional y encaran su presente de forma predecible pero elegante. La inquietud artística o ese afán obsesivo por la innovación artística no garantizan salvarte del ridículo. Tampoco lo hace desarrollar cada noche una fotocopia de tu propia juventud, pero al menos ya sabemos a qué atenernos.


Valga esta introducción para ir al grano: no logro aplaudir ni menos disfrutar del último proyecto de Madonna. Me imagino que estarán aquellos fans que encontrarán en ese coqueteo con Maluma, el trap, los tuneos, los coros en portugués y las letras “comprometidas” -por solo citar algunas características destacadas por aquellas críticas positivas que ha recibido- el resumen ideal de un eclecticismo experimental soberbio y revolucionario. A mí, sin embargo, me suena más a resumen/intento (al menos discutible) de implantación de una posible fórmula de éxito milimétricamente diseñada tras un estudio de mercado demasiado ambicioso que, si bien puede finalizar en un buen negocio, artísticamente se me hace agotador, previsible y aburrido. Por ejemplo, hay momentos de sumo desagrado como “Dark Ballet” o “God Control”. Ahí está la Jefa multimillonaria buscando captar targets lejanos y sonidos ajeno a su realidad. Y se nota.

“Future”, “Batuka”, “Killers Who Are Partying” parecían proyectos de canciones interesantes que, sin embargo, naufragan entre tanto delirio presuntuoso porque pareciera que los productores contratados o ella misma -o vaya a saber quién- decidieron agregarle algo más a cada tema para pretender demostrar lo grandiosos y talentosos que son. Mirwaiss, Diplo, Mike Dean o se pasaron de revoluciones en su trabajo o no supieron controlar a la Jefa. La extravagancia tiene límites tan difusos en el arte, que en una canción pop se salta en quince segundos de un momento potencialmente brillante a otro vergonzoso. Claro que al lado del soso ‘Hard Candy’, al menos ‘Madamme X’ genera cierta discusión. Como alguien escribió por ahí: “Es un registro intrigante: a menudo brillante, aunque a veces horrible”. Touché.


Y vaya, es verdad que Madonna nunca fue David Bowie y que sus cambios de piel pop, tan bien ejecutados hasta hace un tiempito atrás, y que siempre respondían a inquietudes más allá que artísticas, hoy indisimuladamente quedan expuestos como meros movimientos estratégicos de marketing. Pero sobre todo, Madonna logra en este trabajo algo que pocas veces consiguió antes: aburrir. Y su disco, que se prevee polémico y promete transgresión, se transforma en un ejercicio barrocamente engreído y se antoja descaradamente obvio. Preferiría ver a Madonna llorando sobe una balada pop simple lo triste que es envejecer y ya no ser más la Reina del Pop, a verla arrastrarse tratando de emular a Maluma o de intentar provocar con un video fantasmón y soporífero como el de “Dark Ballet”. Nadie puede dudar de la calidad de la producción artística, ni del tiempo invertido en el análisis de mercado (hace 30 años era exactamente igual). Ni siquiera voy a poner en duda su potencial éxito comercial -en las discos, en su futura gira en vivo o en el mundo del streaming que ha salido a tratar de conquistar. Solamente cuestiono esa necesidad empalagosa de mostrarse actual, políticamente correcta, maquilladamente provocadora, para finalmente convertirse en un cliché de sí misma, casi en un subproducto inofensivo de lo que alguna vez se llamó Madonna en este mundillo pop. Un producto más, por cierto, tan inofensivo que la araña en la boca de Billie Eilish suena a la revolución punk y la explosión hippie juntas a nivel de impacto al lado de estas canciones de Madonna que perfectamente podrían haber sido interpretadas por Shakira o la niña ganadora del programa de Tinelli, American Idol o Rojo… Canciones como “Crazy”, “Faz Gostoso” o “Crave” son tan obvias que sonroja que lleven su firma. Hay algo de calidad escondida y latente en la trágica “Extreme Occident”, a pesar de la letra de kínder; en el ondular dance de “I Don’t Search I Find” que inevitablemente nos retrotrae a “Vogue”, o en el atisbo de grandiosidad de “Looking for Mercy” o “I Rise”. Sin embargo, no deja de ser una señal de los tiempos que vivimos, que las canciones mejor logradas son aquellas que firma el bueno de Maluma, que fiel a su estilo/fórmula, se divierte y la arrastra y suena pegajoso y convincente, real, auténtico. Pero, claro, no es Madonna: es Maluma con una señora a cuestas…


Lo siento again: prefiero el revisionismo más conservador y obvio, al deseo indisimulado y calculado de un producto que trata desesperadamente en sonar actual y no lo es. Ojalá me equivoque y en unos meses vuelva a este disco y lo encuentre una maravilla vanguardista que no pude comprender hoy, Julio de 2019. Pediré disculpas públicas. En castigo, escucharé tantas veces el disco, como latigazos en mi espalda decidan sus fans que este servidor hubiese merecido por haber dudado de la Reina. Y si no es así, Madonna, me gustaría decirte que no era necesario. Que ya habías hecho lo suficiente por la música pop como para arruinarlo de esta manera.


“Estoy buscando misericordia”, canta la ex Reina en el penúltimo tema de 'Madamme X' . No soy yo, un humilde escucha, quien pueda negársela.






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