Los restos del naufragio, CABALLEROS ROJOS
- Tabare Couto

- 10 dic 2018
- 1 Min. de lectura
Aprendí a abrazar la oscuridad de las fotos y a adivinar como un padre puede dibujar en una boca de algodón una sonrisa sobre una ausencia. Y el dolor, mientras tanto, al lado nuestro, tan calladamente frío. Aprendí a amontonar caballeros rojos y pomos de carnaval, olor a tablón de obras y asados, sorpresitas de cumpleaños y titanes en el ring escondidos en chocolondos, y esa sensación estúpida y abarcadora de felicidad suprema que, por supuesto, no existe.
Publicado originalmente el 4 de Mayo de 2008




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