En busca del tiempo perdido: feliz cumpleaños para mí
- Tabare Couto

- 10 dic 2018
- 3 Min. de lectura
Voy a cumplir 40. Y como es habitual, debería ser un tiempo de balances. Y de festejos. Cuando llegue ese momento me dirán: hoy es tu día, disfrútalo. Yen un fiesta que deberé organizar y costear, a lo grande, con invitados deseados y otros obligatorios, me cantarán el feliz cumpleaños y me preguntarán: ¿te gustaron tus regalos? ¿cómo te sientes? Besos y abrazos. Tal vez a pocos se les ocurra imaginarse que yo tan solo hubiera preferido un desayuno en la cama, un par de buenos libros, un día sin reuniones ni horarios pre-establecidos y una cena familiar. Al fin y al cabo debería ser un día para mí solo. Mi día.
Sin embargo, minutos después de esas 24 horas simbólicas de jolgorio por mi existencia, fin del aniversario. Fin de mi jornada. Habré cumplido cuarenta años. Y como hace un año me habré quedado con gusto a poco. Como cuando se te derrite tu helado favorito una tarde de verano voraz. Por eso recordé que precisamente fue hace un año que comencé a escribir esta columna y la dejé congelada para retomarla hoy. Como un ritual de celebración íntimo que ahora decido hacer público. En ese entonces hice cuentas inútiles y sorprendentes: para cuando cumpla 40 años, habré vivido 14.600 días y sólo he celebrado 40 de ellos, es decir el 0,27% de mi existencia. Fueron 2.080 semanas de existencia para tan sólo menos de 6 semanas de celebración. Números preocupantes. Definitivamente, las estadísticas de nuestras vidas comunes -como muestra ordinaria, aquí está la mía- son alarmantes:
- 1.400 días me las he pasado comiendo, tanto alimentos deliciosos como comidas ordinarias.
- Consumí 3.600 días de me existencia durmiendo sin enterarme de lo que ocurría a mi alrededor.
- Estudié durante 1.200 días sin resultado interesante visible o palpable a simple vista.
- Estuve más de un año y medio escuchando música: unos 550 días.
- Y medio año pagando cuentas, haciendo colas y esperando mi turno: 180 días.
- Mi fijación frente a la televisión, sin contar los partidos de fútbol, me absorbió 1.100 días y fui al cine a ver películas durante más de 190 días.
- Casi el mismo tiempo, 180 días, lo pasé en diferentes baños haciendo mis necesidades fisiológicas, sin incluir la masturbación, a la que dediqué aproximadamente casi dos meses enteros de mi existencia, unos 50 días.
- Paralelamente, dediqué otros dos meses, unos 60 días, a pensar e imaginarme que estaba con mujeres con la cuales, finalmente, nunca lograría intimar.
- Ya que estamos en el baño, me he duchado durante 180 días y me he lavado los dientes durante 80 jornadas.
- Me he pasado unos 1.620 días trabajando y más de un año de mi vida, unos 400 días, trasladándome de un sitio a otro, por necesidad o placer.
- Hasta mi adolescencia había jugado solo o acompañado unos 900 días a lo que podemos sumarle unos 160 días de esparcimiento extra.
- He leído libros durante 1.550 días y diarios y revistas durante unos 30 días. En internet he sido moderado, unos 15 días en mi vida, aunque va en aumento.
- He holgazaneado mirando el techo y con la mente en la galaxia más cercana, unos 120 días, hasta la fecha.
- Un aspecto positivo: he dedicado unos 110 días a ver partidos de fútbol.
- No he controlado el registro de mis minutos utilizados este mes en el mi celular, pero la cuenta de mis días hablando por teléfono no es menor a unos 220 días enganchado a cualquier tipo de aparato telefónico. El plan que debería tener para mi celular debería incluir unos 316.000 minutos vitales...
Resumiendo, sin contar otras actividades como ir de compras o enamorarme, cuidar a los niños o jugar con mis hijos, escribir esta columna y tantas otras, hacer el amor o ir al médico, pensar en el sentido más profundo de la vida y llorar en los entierros, deprimirme y mirarme al espejo, cortarme el pelo o afeitarme, vestirme y ponerme el pijama, cargar combustible al auto o esperar que funcione windows, he utilizado 13.895 días de un total de 14.600. O sea, me quedó disponible para “vivir” lo anteriormente mencionado o excederme en los ítems descriptos con anterioridad, apenas 705 días: un año, once meses y siete días disponibles. Podríamos ser generosos y otorgarle ese año al resto de actividades nombradas recientemente y llegaremos a la conclusión que me quedan once meses y siete días de vida disponible sin actividades claramente clasificables. Un 2,32 % de m vida sin saber qué he hecho. O disponible para “hacer otra cosa”. Aunque tal vez haya dedicado ese tiempo a enfermarme, a cortarme las uñas o celebrar mis cumpleaños. Sinceramente, no lo recuerdo. Y no sé si tenga tiempo en estos instantes para hacer memoria. Me esperan para que apague las velitas.
Publicado originalmente, el 16 de Octubre de 2007.




Comentarios